Introducción
El bullying no comienza en la escuela. Aunque suele manifestarse en ese entorno, sus raíces suelen encontrarse mucho antes, en los espacios cotidianos donde los niños y niñas aprenden sus primeros comportamientos sociales: el hogar. Por eso, hablar de prevención del bullying implica mirar más allá del aula, hacia la manera en que educamos en casa, nos relacionamos con nuestros hijos y modelamos la convivencia diaria.
El acoso escolar, también conocido como bullying, es una forma de violencia sistemática que afecta a millones de niños y adolescentes en todo el mundo. Las consecuencias pueden ser devastadoras: desde problemas de autoestima, ansiedad y depresión, hasta aislamiento social y, en casos extremos, abandono escolar o ideación suicida. Frente a esto, muchas veces se espera que la solución venga únicamente desde las instituciones educativas, dejando de lado un aspecto fundamental: la familia también es responsable y tiene un rol clave en la prevención.
La educación en casa es el terreno fértil donde germinan los valores, las habilidades sociales y las actitudes que los niños llevarán luego a otros espacios. Es allí donde se aprende —o no— a respetar, a compartir, a expresar emociones sin agredir, a poner límites sin humillar. Es en la familia donde se enseña, muchas veces sin palabras, qué es aceptable y qué no en el trato con los demás.
Este artículo busca ofrecer una mirada profunda sobre cómo las familias pueden actuar desde el hogar para prevenir el bullying de forma activa. A través de la educación emocional, el acompañamiento consciente y el ejemplo diario, es posible formar hijos e hijas capaces de relacionarse con respeto, valentía y empatía, construyendo así comunidades más sanas desde la base: el hogar.
¿Qué es el bullying y cómo se manifiesta?
El bullying es una forma de violencia reiterada e intencional que ocurre entre pares, en la que una persona o grupo ejerce poder sobre otra mediante agresiones físicas, verbales, psicológicas o sociales. A diferencia de un conflicto puntual, el bullying implica una relación de desequilibrio, donde la víctima se encuentra en desventaja y no logra defenderse fácilmente.
Es fundamental comprender que el bullying no es «una broma», «cosas de niños» ni un simple malentendido. Es una conducta persistente que causa daño emocional o físico y que, si no se interviene a tiempo, puede dejar secuelas duraderas.
Tipos de bullying
- Físico: golpes, empujones, destrucción de objetos personales, encierros forzados.
- Verbal: insultos, apodos ofensivos, burlas constantes, amenazas.
- Psicológico: aislamiento social, manipulación, chantaje emocional, difusión de rumores.
- Cibernético (cyberbullying): humillaciones, amenazas o difamaciones a través de redes sociales, mensajes o plataformas digitales.
En muchos casos, varios tipos de acoso se combinan, intensificando el daño.
Diferencias entre conflicto y bullying
No todo desacuerdo o pelea entre niños constituye bullying. Un conflicto puede surgir de manera espontánea entre dos o más personas con igual capacidad de respuesta y generalmente se resuelve con diálogo. El bullying, en cambio:
- Es repetido en el tiempo.
- Tiene una intención de dañar.
- Involucra un desequilibrio de poder (por fuerza, número, posición social, etc.).
- Genera sufrimiento persistente en la víctima.
Consecuencias del bullying
El impacto del bullying puede ser devastador. Algunas de las consecuencias más comunes para la víctima incluyen:
- Ansiedad, estrés, depresión.
- Problemas de autoestima.
- Bajo rendimiento académico.
- Retraimiento social.
- Somatizaciones (dolores físicos sin causa médica).
Por otro lado, los agresores también sufren consecuencias a largo plazo: pueden desarrollar una relación disfuncional con el poder, baja empatía y comportamientos antisociales si no reciben orientación adecuada. Los testigos que no intervienen pueden experimentar culpa, normalizar la violencia o reprimir su capacidad de actuar con ética.
Por eso, la prevención del bullying debe involucrar no solo a escuelas, sino también a las familias, que pueden y deben actuar mucho antes de que el acoso se manifieste.
Señales de alerta: ¿cómo saber si mi hijo sufre o ejerce bullying?
Detectar a tiempo si un niño o adolescente está involucrado en una situación de bullying —como víctima, agresor o espectador pasivo— es clave para intervenir de forma efectiva. Muchas veces, los menores no expresan directamente lo que les ocurre, ya sea por miedo, vergüenza o desconocimiento de que están viviendo una situación inaceptable. Por eso, es esencial que los adultos estén atentos a ciertos indicadores emocionales, físicos y conductuales.
Señales de que un niño puede estar sufriendo bullying
- Cambios repentinos en el estado de ánimo: tristeza, irritabilidad, aislamiento o ansiedad sin causa aparente.
- Dificultad para dormir o pesadillas frecuentes.
- Dolores físicos recurrentes (cabeza, estómago) que no tienen origen médico claro.
- Resistencia a ir al colegio: excusas constantes, llanto, miedo antes de salir de casa.
- Pérdida de objetos personales o ropa dañada sin explicación.
- Bajo rendimiento académico o falta de concentración.
- Autoagresiones o comentarios negativos sobre sí mismo: “soy un tonto”, “nadie me quiere”, “quiero desaparecer”.
Estas señales, cuando se presentan de manera persistente, deben ser motivo de atención e indagación cuidadosa, sin presionar ni juzgar.
Indicadores de que un niño podría estar ejerciendo bullying
- Conducta dominante o controladora con otros niños.
- Uso frecuente de burlas o apodos ofensivos, incluso en tono de «juego».
- Minimiza el dolor ajeno o se ríe del sufrimiento de otros.
- Miente o manipula para obtener lo que quiere.
- Desafía la autoridad constantemente o se muestra insensible ante normas sociales básicas.
- Tiene dificultad para aceptar errores o pedir disculpas.
Es importante señalar que un niño que ejerce bullying no es “malo”, sino que probablemente está replicando modelos de violencia aprendidos o está canalizando malestar interno que no sabe expresar de forma adecuada.
Por qué es importante observar sin prejuzgar
Muchos padres reaccionan con negación cuando se les sugiere que su hijo podría estar involucrado en situaciones de bullying, ya sea como víctima o como agresor. Esta reacción, aunque comprensible, puede agravar el problema, al impedir que se tomen medidas correctivas a tiempo.
En lugar de juzgar o etiquetar, es más útil:
- Escuchar con empatía y atención.
- Observar cambios de conducta con apertura y sin prejuicios.
- Dialogar con los hijos y con los adultos que los rodean (docentes, orientadores, cuidadores) para tener una visión más completa.
La prevención del bullying comienza con una mirada activa, sensible y comprometida desde casa.
La raíz del bullying: patrones que comienzan en casa
El bullying no aparece de la nada. Aunque se manifiesta en entornos como la escuela o las redes sociales, muchas de sus raíces profundas se gestan en el entorno familiar. La manera en que los niños aprenden a relacionarse, expresar emociones, resolver conflictos y manejar el poder tiene una conexión directa con lo que ven y viven en su hogar.
Modelos de comunicación familiar que refuerzan la violencia
La forma en que los adultos se comunican entre sí y con los niños marca profundamente la manera en que estos interactuarán con los demás. Algunos ejemplos de patrones negativos:
- Uso de gritos, sarcasmo o humillaciones como forma de corregir.
- Descalificaciones constantes: “no sirves para nada”, “eres un inútil”.
- Falta de escucha activa, donde las emociones del niño son ignoradas o minimizadas.
- Violencia entre adultos en casa (aunque no sea física, puede ser verbal o emocional).
Cuando un niño crece en un ambiente donde el poder se impone a través de la agresión o la intimidación, es más probable que reproduzca esas conductas con sus pares, ya sea como agresor o como víctima pasiva que naturaliza el maltrato.
Falta de límites, autoritarismo o indiferencia emocional
- Ausencia de límites claros: cuando no se enseñan normas básicas de convivencia y respeto, el niño puede interpretar que todo está permitido, incluso humillar o agredir.
- Estilo autoritario: el exceso de rigidez y control también puede generar resentimiento, frustración y una necesidad de “descargar” ese malestar en otros espacios.
- Desconexión emocional: la falta de atención afectiva, la indiferencia ante los logros o problemas del niño, y la ausencia de espacios de conversación pueden dejarlo sin herramientas para manejar sus emociones de forma sana.
Cómo el ambiente del hogar influye en la conducta escolar
El niño que crece en un ambiente de respeto, contención y límites claros, probablemente replicará ese estilo relacional en sus vínculos fuera de casa. Por el contrario, un niño expuesto a violencia, desprecio o abandono emocional puede adoptar la agresión como forma de comunicación o, por el contrario, volverse blanco fácil de abusos externos.
La prevención del bullying comienza al reflexionar sobre el tipo de hogar que estamos construyendo: ¿favorece el diálogo, el respeto mutuo y la empatía? ¿O refuerza la crítica, el castigo y la indiferencia?
Cambiar patrones familiares no siempre es fácil, pero es posible. Y es uno de los pasos más importantes para garantizar que nuestros hijos crezcan sabiendo convivir, respetar y cuidar a los demás.
Educación en casa: el rol de los padres en la prevención del bullying
La prevención del bullying no comienza en la escuela, ni con los docentes, ni con campañas institucionales. Comienza en casa, en los pequeños gestos del día a día, en la forma en que los padres educan, guían y acompañan emocionalmente a sus hijos. La familia es el primer espacio donde se aprenden las habilidades sociales, los valores éticos y los límites emocionales necesarios para una convivencia sana.
Cómo fomentar el respeto, la empatía y la resolución pacífica de conflictos
- Respetar para enseñar respeto: el tono con el que se corrige, la forma en que se tratan las diferencias y el modo en que se acepta la opinión del otro son formas directas de educar.
- Fomentar la empatía desde la infancia: ayudar al niño a ponerse en el lugar del otro con preguntas como:
- “¿Cómo crees que se sintió tu amigo cuando lo empujaste?”
- “¿Cómo te sentirías tú si te hicieran eso?”
- “¿Cómo crees que se sintió tu amigo cuando lo empujaste?”
- Resolver conflictos sin violencia: mostrar que es posible tener desacuerdos sin gritar, insultar o humillar. Si hay peleas en casa, también es importante mostrar la reconciliación y la reparación del daño.
La importancia de establecer normas claras y afectivas
El hogar necesita tener límites, pero estos deben estar acompañados por afecto. Las reglas sin cariño se vuelven autoritarismo; el cariño sin reglas, permisividad. Ambos extremos generan inseguridad en el niño.
- Normas claras: por ejemplo, no se permite insultar, burlarse, ni hacer daño a otros.
- Consecuencias lógicas y explicadas: en lugar de castigos arbitrarios, ofrecer consecuencias relacionadas con la acción (si rompe algo, ayuda a arreglarlo o reemplazarlo).
- Coherencia en la aplicación: todos los adultos del hogar deben sostener los mismos principios básicos.
Ser un modelo positivo de comportamiento en el día a día
Los hijos aprenden mucho más por lo que ven que por lo que se les dice. Por eso, el mejor método para prevenir conductas violentas o humillantes es ser un modelo de respeto, autocontrol y empatía.
- Cómo hablas de los demás delante de tus hijos importa: si escuchan críticas constantes, comentarios discriminatorios o burlas, normalizarán esas actitudes.
- Cómo te tratas a ti mismo también educa: los padres que se valoran, se respetan y se cuidan enseñan a sus hijos a hacer lo mismo consigo mismos y con los otros.
- Cómo manejas tu propia frustración o enojo les enseña a ellos cómo hacerlo.
En resumen, la educación en casa es el cimiento sobre el cual se construye la capacidad de los hijos para convivir sanamente. No se trata de ser padres perfectos, sino de ser conscientes, coherentes y emocionalmente disponibles.
Estrategias prácticas para prevenir el bullying desde el hogar
Prevenir el bullying no requiere intervenciones complejas ni grandes discursos. Se trata de cultivar, día tras día, una cultura de respeto, empatía y autocuidado dentro del hogar. A seguir, compartimos estrategias prácticas y cotidianas que las familias pueden aplicar para fortalecer estos valores desde la infancia.
Escuchar activamente y validar emociones
Una de las necesidades emocionales más básicas de todo ser humano —y especialmente de los niños— es sentirse escuchado. Cuando un niño se siente comprendido, su nivel de frustración disminuye y su autoestima se fortalece.
- Dedicar tiempo diario para preguntar: “¿Cómo te sentiste hoy en la escuela?”, “¿Hubo algo que te molestó?”.
- Validar sin juzgar: “Entiendo que te hayas sentido mal cuando eso pasó”, en lugar de “Eso no es tan grave”.
Esta actitud enseña que expresar emociones es seguro y saludable, lo cual es clave para evitar tanto conductas agresivas como actitudes pasivas ante la violencia.
Promover el diálogo constante sobre convivencia y diversidad
Hablar abiertamente sobre el respeto a los demás, la inclusión y la no discriminación forma parte de una educación consciente.
- Conversar sobre las diferencias físicas, culturales, emocionales o cognitivas como parte natural de la vida.
- Reforzar que todos merecen ser tratados con dignidad, sin importar su apariencia, género, religión o capacidades.
- Compartir películas, libros o historias que resalten la empatía, la solidaridad y el valor de la diversidad.
El objetivo no es blindar a los hijos contra el bullying, sino formarlos como personas que no lo toleran y que saben actuar frente a él.
Supervisar el uso de dispositivos electrónicos y redes sociales
El cyberbullying es una de las formas más comunes y peligrosas de acoso en la actualidad, y muchas veces comienza en silencio desde casa.
- Conocer qué aplicaciones usan los hijos y con quiénes interactúan.
- Acompañar, no vigilar: interesarse genuinamente por su mundo digital sin invadir su privacidad.
- Establecer normas claras de uso de internet, horarios y límites.
- Enseñarles a identificar contenidos agresivos, manipuladores o dañinos.
Los niños deben saber que, así como no se permite agredir a alguien cara a cara, tampoco es aceptable hacerlo detrás de una pantalla.
Actividades familiares que refuercen la autoestima y la cooperación
La autoestima alta es uno de los factores protectores más potentes contra el bullying. Un niño seguro de sí mismo es menos propenso a victimizarse y menos necesitado de agredir a otros para afirmarse.
- Jugar juntos en casa, priorizando la cooperación sobre la competencia.
- Hacer tareas compartidas donde todos aporten algo y se reconozcan los esfuerzos.
- Celebrar los logros personales, por pequeños que sean, sin compararlos con los de los demás.
Actividades como cocinar juntos, armar rompecabezas, plantar en el jardín o salir a caminar en familia fortalecen los vínculos afectivos y brindan modelos de resolución conjunta y pacífica de problemas.
Cómo enseñar a los hijos a defenderse sin violencia
Uno de los temores más frecuentes de los padres frente al bullying es que sus hijos no sepan cómo reaccionar ante una agresión. Algunos temen que sean víctimas pasivas; otros, que respondan con violencia y se conviertan en agresores. Por eso, enseñar a defenderse sin recurrir a la agresión es un paso fundamental en la prevención del bullying desde casa.
Diferencia entre defensa y agresión
Es esencial que los niños comprendan que defenderse no significa devolver el golpe ni humillar al otro, sino proteger su integridad con firmeza, autocontrol y dignidad.
- Defenderse es poner límites, decir «no», buscar ayuda y expresar con claridad que una conducta es inaceptable.
- Agredir es responder con violencia, burlas o humillaciones, replicando el mismo patrón de daño.
Educar esta diferencia desde pequeños evita que los niños internalicen la idea de que “ganar” es dominar al otro, o que “ser bueno” significa aguantar todo sin decir nada.
Estrategias para pedir ayuda, decir “no” con firmeza y buscar aliados
- Pedir ayuda no es ser débil
Enseñar que acudir a un adulto de confianza ante una situación injusta no es delatar ni “ser cobarde”, sino actuar con inteligencia y cuidado. - Decir “no” de forma clara y directa
Frases como:
- “No me hables así, no está bien.”
- “No quiero que me toques / insultes / empujes.”
- “Eso no es gracioso para mí.”
Estas expresiones fortalecen el sentido de límite y autoafirmación.
- “No me hables así, no está bien.”
- Buscar aliados
Fomentar que los niños identifiquen personas seguras en su entorno (compañeros, docentes, familiares) con quienes puedan contar. También es útil reforzar que defender a un compañero agredido es una forma de valentía, no de complicidad.
Juegos de rol y simulaciones para practicar respuestas asertivas
Una de las herramientas más efectivas para preparar a los niños frente al bullying son los juegos de rol. Mediante pequeñas representaciones, pueden ensayar cómo actuar en distintas situaciones:
- Alguien los empuja en fila.
- Se burlan de su ropa o acento.
- Les quitan un objeto sin permiso.
- Excluyen a un compañero del juego.
Estos juegos deben ser guiados con respeto, explicando qué emociones pueden surgir y cómo gestionarlas. El objetivo no es ensayar respuestas “perfectas”, sino brindar seguridad emocional y aumentar su repertorio de respuestas posibles.
¿Qué hacer si mi hijo participa en situaciones de bullying?
Descubrir que un hijo está involucrado en una situación de bullying como agresor —o incluso como espectador que no interviene— puede ser difícil de aceptar. La reacción inicial suele ser de negación, vergüenza o enfado. Sin embargo, reconocer el problema es el primer paso para transformarlo. Los niños que ejercen violencia no necesitan castigo ciego, sino guía, contención y educación emocional.
Cómo intervenir sin castigos humillantes ni negación del problema
- Evitar respuestas reactivas: gritar, avergonzar o etiquetar (“eres malo”, “me decepcionas”) solo alimenta la desconexión emocional y dificulta el aprendizaje.
- Escuchar y comprender el contexto: muchas veces, el niño reproduce lo que ve o lo que ha sufrido. Es clave preguntar:
- “¿Por qué crees que actuaste así?”
- “¿Cómo te sentiste en ese momento?”
- “¿Por qué crees que actuaste así?”
- Evitar la negación automática: frases como “mi hijo no haría eso” impiden ver señales reales. Confiar en el hijo no implica negar la posibilidad de que se equivoque.
- Separar el comportamiento de la identidad: el mensaje debe ser claro: “Lo que hiciste está mal, pero tú puedes hacerlo mejor. Estoy aquí para ayudarte a cambiar”.
Diálogo, reflexión y reparación del daño
Una intervención eficaz no se basa solo en frenar la conducta, sino en generar reflexión y conciencia. Algunas estrategias útiles:
- Conversar sobre las consecuencias: cómo se sintió la otra persona, qué hubiera pasado si alguien actuara igual con él o ella.
- Buscar formas de reparar el daño: pedir disculpas sinceras, ofrecer ayuda, cambiar actitudes en futuras situaciones.
- Establecer acuerdos claros: comprometerse a no repetir la conducta y trabajar en alternativas para expresar frustración o enojo.
Este tipo de reflexión fortalece la empatía, la responsabilidad y la capacidad de autocorrección.
Cuándo y cómo buscar apoyo profesional
En algunos casos, el comportamiento agresivo o insensible puede ser la manifestación de problemas emocionales más profundos, como:
- Falta de habilidades sociales.
- Dificultades de autoestima.
- Trastornos de conducta no diagnosticados.
- Experiencias de violencia vividas o presenciadas.
Cuando las conductas se repiten o se agravan, buscar orientación psicológica o acompañamiento profesional no solo es válido, sino recomendable. El objetivo no es “corregir al niño”, sino entenderlo mejor para ayudarlo a crecer de forma sana y respetuosa.
El poder de los pequeños actos: construir una cultura de respeto en casa
La prevención del bullying no se logra solo con grandes conversaciones o momentos solemnes. Se construye, sobre todo, con pequeños actos cotidianos, repetidos y coherentes, que transmiten a los niños un mensaje claro: en esta familia se valora el respeto, la empatía y la dignidad de todos.
Gestos cotidianos que enseñan a convivir con otros
Los niños aprenden observando. Cada interacción entre los miembros del hogar es una oportunidad para enseñar valores de convivencia:
- Saludar con cortesía, incluso cuando estamos cansados.
- Pedir las cosas “por favor” y agradecer con sinceridad.
- Ceder el paso, compartir, esperar el turno.
- Admitir errores y pedir disculpas sin excusas.
Estos gestos aparentemente simples modelan un tipo de relación en la que el otro importa, y eso se traslada automáticamente a la escuela y otros entornos sociales.
Cuidado con los comentarios que refuerzan estereotipos o burlas
Muchas veces, sin darnos cuenta, reproducimos discursos que fomentan la burla, la exclusión o la violencia simbólica. Frases como:
- “Corre como una niña.”
- “Ese chico es raro.”
- “Tú no eres como esos niños que…”
Estos comentarios enseñan, implícitamente, que hay personas que “valen menos” o que son “dignas de burla”. Es fundamental revisar el lenguaje que usamos, las bromas que toleramos y los mensajes que transmitimos sin intención.
Una casa donde se practica el respeto a la diferencia es un antídoto poderoso contra el bullying.
Fomentar la solidaridad, la escucha y la inclusión
- Incluir a todos en juegos y actividades familiares, respetando sus ritmos, habilidades y formas de ser.
- Escuchar activamente a los niños y también entre adultos, sin interrumpir, ridiculizar o ignorar.
- Hablar abiertamente sobre diversidad, mostrando interés y respeto por las distintas culturas, capacidades, identidades y formas de pensar.
Estos actos construyen una cultura de respeto que no necesita sermones, porque se vive en cada rincón del hogar. Y cuando un niño crece en ese entorno, difícilmente se convierta en agresor, cómplice o víctima silenciosa del bullying.
Recursos útiles para padres y madres
Prevenir el bullying desde casa es un trabajo constante que se fortalece aún más cuando las familias cuentan con herramientas, referencias y apoyo externo. Existem numerosos libros, películas, actividades y plataformas que ayudan a padres y madres a educar en el respeto, la empatía y la convivencia pacífica.
Libros recomendados para abordar el bullying y la educación emocional
- “El club de los valientes” de Begoña Ibarrola
Relato infantil que muestra cómo actuar frente al bullying desde la valentía, la empatía y el trabajo en equipo. - “¿Qué le pasa a Uma?” de Rafa Guerrero
Una historia ilustrada que ayuda a identificar el bullying y promueve el diálogo en casa. - “Ni ogros ni princesas” de Charo Martínez y compañía
Libro-guía dirigido a adolescentes y familias, con enfoque en habilidades sociales y resolución pacífica de conflictos. - “Educar con inteligencia emocional” de Daniel Goleman
Obra esencial para comprender cómo la educación emocional influye en la prevención de la violencia y mejora la relación familiar.
Películas y documentales que invitan a la reflexión
- “Wonder” (2017)
Una historia que promueve la inclusión, el respeto y la empatía frente a las diferencias. - “Bully” (2011)
Documental que muestra casos reales de acoso escolar y el impacto en las víctimas. - “El silencio de los otros” (2018)
Aunque no trata el bullying directamente, es una poderosa herramienta para reflexionar sobre el silencio frente a la injusticia.
Ver estas películas en familia, con espacio para comentar y compartir opiniones, puede abrir puertas a conversaciones profundas y necesarias.
Actividades prácticas para realizar en casa
- Juegos cooperativos: en lugar de fomentar solo la competencia, realizar juegos donde todos ganan si colaboran.
- Círculos de la palabra: espacios semanales para hablar en familia sobre lo vivido, lo sentido y lo aprendido.
- Tableros de gratitud y empatía: donde cada miembro de la familia escribe un agradecimiento o una observación positiva sobre otro.
Tener acceso a estos recursos permite a las familias ampliar su mirada, reforzar su rol preventivo y actuar con mayor seguridad frente a cualquier señal de alarma.
Reflexión final: educar para convivir, no solo para convivir en paz
Prevenir el bullying no se trata únicamente de evitar conflictos en la escuela. Tampoco basta con “enseñar a portarse bien”. Prevenir el bullying desde el hogar es, en esencia, educar para convivir con otros seres humanos de forma consciente, respetuosa y empática, incluso cuando hay desacuerdos, diferencias o tensiones.
Educar para convivir implica mucho más que imponer normas de cortesía o controlar conductas externas. Significa:
- Formar personas con criterio propio, capaces de reconocer la injusticia aunque no les afecte directamente.
- Cultivar la empatía como valor central, enseñando a ponerse en el lugar del otro, aún cuando no se comparte su punto de vista.
- Fomentar el coraje moral, para que nuestros hijos e hijas puedan alzar la voz, defender a quien lo necesita y actuar con integridad.
En ese proceso, el hogar se convierte en la primera escuela de ciudadanía, donde los niños aprenden que cada palabra, cada gesto y cada silencio tiene un impacto en los demás.
Por eso, la educación en casa no es una tarea menor ni un complemento de la escuela: es el cimiento sobre el cual se construye la capacidad de nuestros hijos para amar, liderar, colaborar, cuidar y transformar el mundo en el que viven.
El bullying no desaparecerá con campañas ni castigos. Se erradica cuando cada familia asume el compromiso de criar con presencia, con coherencia, con afecto y con firmeza. Porque un niño que aprende a respetarse y a respetar a otros, jamás será agresor ni permitirá que la violencia se normalice.